miércoles, 31 de mayo de 2017

Anidando

El lunes 22 de mayo al mediodía fui al Hospital de Nicoya porque estaba con muchas contracciones. Después de un par de chequeos los médicos me dijeron que me tenía que quedar internada. No era nada grave y Alejandro estaba bien pero preferían monitorearme de cerca. Me asusté un poco porque era la primera vez que dormiría en un hospital y porque no pensé que iba a terminar internada.  
               Dimitri viajó una hora hasta nuestra casa para buscar un mini bolso, manejó hasta Nicoya y se quedó conmigo hasta que finalizó el horario de visitas. Los médicos me pusieron una sonda con sulfato de magnesio para aflojar las contracciones y una inyección (luego vendrían tres más) para acelerar el crecimiento de los pulmones de Alejandro. Esto lo realizan por si llegara a nacer antes de tiempo. Además me dijeron que tenía que hacer reposo absoluto hasta el mediodía del día siguiente. Si quería ir al baño, tenía que pedir la pelela.
En la habitación que me asignaron había otras mujeres. Unas estaban en trabajo previo al parto, otras acababan de parir y estaban con sus recién nacidos y otra había sufrido un aborto espontáneo.  Muchas historias. Muchas emociones. Y yo ahí en el medio, con mi panza de 34 semanas (8 meses), un poco perdida y asustada. Alejandro no se movió mucho. Yo creo que percibió mi incomodidad e incertidumbre. Estaba quietito. Le conté lo que estaba pasando para que no se asustara. No sé si me entiende pero igual yo le cuento todo. Logré dormir un poco hasta que una enfermera me despertó para monitorear el corazón de Ale. Sonó fuerte y claro. Durante la noche los recién nacidos lloraron y la mujer que estaba a punto de parir se quejaba del dolor. A su lado había otra mujer que parecía llevar mejor el trabajo de parto, apenas se movía y emitía sonidos suaves. Yo pensaba: ¿cuál seré yo en un par de semanas? Esperemos que la que maneja mejor el dolor.
A las 5. 30 am el ruido de una bandeja cayendo en el piso me despertó asustada. No pude volver a dormir. Tomé mi novela y me distraje hasta el desayuno.  Llegó Dimitri y eso me animó de nuevo. Me anticipó que para terminar el tratamiento para los pulmones de Alejandro, debía quedarme una noche más. No me gustó la idea pero como dijo mi linda cuñada Pía, ahora los tiempos no son los míos, son los tiempos de Alejandro. Si hay que dormir una noche más, lo haremos. La segunda noche fue un poco más movida porque llegaron nuevos niños pero logré dormir mejor. Después del chequeo de la jefa de obstetricia me dieron el alta, podría irme al mediodía. Estaba feliz. Dimitri me vino a buscar y partimos.
La experiencia de Nicoya me permitió ver el excelente nivel de los médicos y enfermeras del Hospital de Nicoya. Me quedé super contenta con la modernidad de la sala, la limpieza de los baños y las habitaciones. Todos me han tratado de forma amable, cariñosa y profesional. Me sentí cuidada y respetada, más allá de la incomodidad de estar en un hospital.

Ahora me queda hacer reposo en casa, bajar las revoluciones y como me dijo uno de los médicos: aburrirme. Todo sea por Alejandro, para que siga creciendo dentro mío. Hoy 31 de mayo estoy mejor. A seguir anidando.


Anidar y respetar los tiempos.

2 comentarios:

  1. Desearte Feliz Cumpleaños es el motivo de escribirte; celebrando que tu nuevo año te encuentre con la bendición de esperar a tu bebé, recién casada -como leí hace muy pocos días en FB- y viviendo en ese lugar que imagino como un paraíso. Ah y a propósito de recién casada, cuando vi tu imagen me dije: guau, ese parece el tenista servio Novak Djokovic (perdón, espero no ser indiscreto). Muchas Felicidades Estimada Teresa y Buena y Bella Vida para vos y los tuyos. Epifanio.

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  2. Hola Epifanio: recién leo este comentario. ¡Qué amor en escribirme!
    Ya estamos por cumplir los tres meses de Alejandro. No me habían dicho lo de Djokovic. Qué gracioso. Te mando un beso enorme.

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