domingo, 1 de octubre de 2017

Alejandro

Hoy Alejandro cumple tres meses.  Y por ende yo cumplo tres meses de ser mamá. Pensé que sería algo similar a ser tía pero no.  Ser madre es lo más intenso que me ha pasado en estos ¿jóvenes? 40 años.
Vamos a empezar por el principio. Alejandro vino al mundo el sábado 1 de julio a las 10.20 am en el Hospital La Anexión de Nicoya, Guanacaste, Costa Rica.  Llegué al hospital el viernes a las 9 de la noche con la bolsa fisurada. A la hora, empezaron las contracciones y después de 12 interminables horas, mi hijo nació por parto natural y sin anestesia.
               Parir me dio una fortaleza hasta entonces desconocida.  Recuerdo que en algún momento de esa interminable noche / madrugada le dije a Dimitri: “Ya no aguanto más, no sé cómo voy a afrontar lo que sigue”.  “Vas a poder, sos fuerte” me alentaba Dimitri.
               Incertidumbre, miedo, confianza, alegría, desesperación, paz y miles de sentimientos opuestos y al mismo tiempo.
La maternidad te desarma, rompe tus estructuras, derrumba tus planes, quiebra tus hábitos y ya nada vuelve a ser igual. Alejandro me cambió el eje, para siempre.
                Luego de una larga noche, de dormir entrecortado y con un cuerpo cansado e irritado, lo voy levantar y me encontré con su sonrisa. Como dijo Residente de Calle 13 a su hijo: tu amor me descongeló. 
               Agradezco a la vida recibir esta nueva VIDA. Agradezco el ser testigo de su experimentar de un mundo desconocido. Nosotros re-aprendemos a mirar todo desde sus ojos. Hoy Alejandro sintió la brisa del mar y se relajó tanto que se durmió. Y fue feliz. Tan simple como eso.

             Alejandro: esto recién empieza. 
               





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