jueves, 29 de octubre de 2015

Recalculando

En estos dos meses pasó de todo. Me fui a Buenos Aires, Uruguay y volví a Costa Rica.
 Desde que llegué sus abrazos contrarrestaron el intenso frío que me tocó. Fue raro estar de visita en mi propia ciudad. Al principio me costó adaptarme. Primer día: 8 grados y llovía copiosamente.  Me quedé adentro de la casa de mis viejos. Abrigada, muy abrigada y mimada, muy mimada. Me hacía falta ese volver a ser hija, hermana y tía. Fue como cargar el tanque con Fangio Premium Mega Turbo.
Durante las mañanas trabajaba para la Asociación de Desarrollo de Tamarindo en todo lo relacionado a gestión de contenidos y fondos y después tenía el resto del día libre para mí. Me di tiempo para charlas largas con mis amigas del alma, a las que conozco desde que usábamos trencitas y jugábamos a la soga en los recreos. Habían pasado 10 meses pero parecía que había pasado un solo día. En seguida conectamos. Las ídolas organizaron un viaje a Colonia del Sacramento, Uruguay. Comimos, recorrimos, reímos, nos pusimos serias, compartimos, chusmeamos, y todo lo que hacemos las chicas cuando nos juntamos.
Pude ver cómo habían crecido mis sobrinos. Me emocioné con los abrazos de mi ahijado Félix que se nota que heredó ese don de Pía, mi “cuñamiga”, una de las mejores abrazadoras del planeta. Fran tuvo su fiesta de egresados del colegio, Félix su confirmación, Marcos está altísimo y pinta cada día mejor y Nachito no perdió su mirada compradora.  Cuando me vine Esmeralda decía 7 palabras, ahora te hace un show de stand up.   Silvestre aprendió a leer y Celestino ya empezó primer grado.
El aterrizaje a Costa Rica y los primeros días fueron duros. Llegué en época de lluvia, todo cerrado, poca gente en la calle, el hotel en donde funciona la Asociación está en refacción…  y como si fuera poco, yo resfriadísima y extrañando esos abrazos, miradas y besos.  Me replantié todo. Fueron 15 días de introspección física y emocional. Me dejé mimar por mis amigos de acá y no me obligué a estar bien, dejé que la tristeza pasara.
Ahora, volví a mis clases de yoga, hice dos horas de stand up paddle (SUP) hasta la Isla Capitán y dentro de poco empiezo clases de surf con una amiga.

Poco a poco todo va tomando su lugar. No llueve casi nada y estoy dejando madurar todo lo que estuve pensando y reflexionando.  Y dejaré que este lugar tan pero tan lindo me siga recibiendo y regalando todo lo que tenga para mí.
 








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